martes, 4 de enero de 2011

Fragmento

He visto en el silencio andariegas almas,
Y al alba los rostros del hombre desvanecer,
Aquel entonces cabía en la profunda noche:
Donde bermejos sueños ocupaban nuestros

Lugares, Ay, que de mí lleno de ti andaba…
Donde ¿Dónde las noches? Y el ornato
Del trino hundiendo nuestras mejillas,
Y la existencia perpetua, Oh, que ya nadie

Sabría de nosotros, cuando los siglos nos
Ocultaran y allí, tu y yo, en la refulgente
Memoria triunfaríamos a la muerte y
Nos besaríamos por siempre.

Que ciego he quedado, y esta sensación
De irrealidad cuando ya no ocurre que
Tú me ves, entonces dime: ¿Qué del varón?
Oh es cierto, llora en el pináculo, pero

El amor es sagrado y los dioses deberían oír,
Pero la pena del hombre es aquel ser
Extraviado en el llano de las promesas, que
Deviene en futuro soterrado cuando su

Palabra no es oída, y ama y dice amar
Y enloquece por haber amado, y aunque
lo olvide allí iré, donde la áurea llama
Del tiempo, rezando partiré.
El polvo ha tragado
caudillos, de ésta y
otra tierra, aquella vez,
Oh loable empresa
el rudo guiño
de las espadas,
¿Vendras por mi?
las tumbas del pasado
descansan irreales,
y el furor el engaño
y la traición descansan
en el hombre:
Feral
Político,
Absurdo,
Oh en existencia varado,
errante por desiertos
allí va, allí fueron.

jueves, 30 de diciembre de 2010

Putas, herejes, maricones y cerdos,

Diputados, poetas y paladines,

Obreros, burgueses y vírgenes,

Periodistas, novelistas y secretarias,

Maníacos, borrachos y moralistas,

Dioses, andróginos y libertarios,

Razas, opiniones y ciudadanos,

Oh, al verbo hablo, que tramas la

Inexistencia bajo el redil de tu

Artificio, dime: ¿Dónde seres humanos?

Cuando agacho la cabeza a veces lloro,

Oh en los sótanos lúgubres y

Pedestres del siglo XXI, despierto

En la antesala del infierno.

.

domingo, 5 de diciembre de 2010

Yo, que de pie al
arca subterránea
vi sus ojos
llenos de sombras:

Proclamo el amor
y su investidura,
Oh loable eternidad
en nuestros recuerdos.

Yo, que he detenido
en molinos de lágrimas,
aquí
hoy:

Reclamo el amor
virtud y
perennidad del verbo
por siempre.

Yo, que en velo
de profunda noche
pregunto
quien sueña:

Canto al amor
y sus efemérides
mientras cae
el retazo lunar.

Yo, que ni señor
ni esclavo
ni poeta
ni meridiano concuerdo:

Inmolo la llama del amor
donde huesos y almas
en tibia esperanza
se cobijan.

Yo, que en perjuicio
de la ausencia,
Ay, apenas necesito
poco, tanto:

Declaro vergüenza
quien un
tierno abrazo
recuse.

martes, 16 de noviembre de 2010

Estrellas de senil brillo imperan
el ancho claustro abismal,
que do negruzco y monacal
si el astro no alumbrase,

Oh aquellos caballos de rostro
desvanecido e indómito coraje, que
dirigidos por el recuerdo a
los cuerpos vencidos llevan,

almas montadas en tabernáculos
secretos, que viajan donde
raudos tribunales no esmeran
pregunta, porque en

memoria divina fuimos
sin velo, y eso que a so pena
las ruinas gobiernan en
traviesa alegoría,

donde la flor y el piélago crecen allí,
consigo la vida, otrora
muerte victoriosa sucede.
Firmamento es la llanura que

ve cruzar carros dorados, y estrellas
en forma de diadema que
vislumbran el paso sin
quejumbra,

de héroes y héroes que a tantos
siglos a mortal oído
persuadieron,
aquellos todos pronto llegaran

nuevamente, en los rostros
de morada apacible que del
viejo cantor fue:
padre y amigos, madre

y abuelos, héroes entre héroes
únicos héroes
¡¡Ay!!
acaso un amperio brota

de mi pecho, en la noche ciega
que comulga el instinto,
en la mañana prímula,
un imperio excelso que ágora ignoraba,

liberto espíritu y pensamiento,
examen pródigo de aquellos sonidos,
que disonantes componiendo
parlamentos incomprensibles van.

Examen pródigo, tus ojos,
con fuerza trémula y
coraje el ancho océano
cruza, ni mires hacia atrás

ni mires adelante,
y dime, vamos,
que el firmamento y
la comunidad del trato son

atributos de esta locura,
por la llama del amor impugno
toda decencia,
por alabanza de ardiente deseo

procuro en las noches asirme de
fatigoso ejercicio,
y la fragua del mito
proverbio y resplandor.

Salvaje océano que
brotas de la plana tierra,

“elemento”

desciendes por la furtiva
historia, cuantos hombres acaso
contaron en páginas
vehemente juventud, cuya infancia

así en estante vacio estante se llena,
y por la fuerza de mil
demonios que corrompen la
noche palaciega,

que osaba admirar sin escrúpulos de ánimo,
veo, allá, la corte de Astaroth
es la mano de otro
escritor,

es la fábula de nuestras
pinturas, la inquietud
de la bestia
tu amor

y ese extravío mortal que antaño
renacimiento en prosa
desdeñaba,
y ya más cerca aquí,

de lejos, de cerca,
asediado por empuñadura de grácil libertad,
¿Quien seré?
¿Que busco ser?

acaso mientras sea soy y eso basta,
acaso busque ser
y olvide ,
entrometido en el verbo que

como rémora a la nave detiene. Y colisiona
el espíritu en multitud
de fragmentos,
lascivo y visceral, rudo y feral,

penetro en el bosque y en la
diurna semejanza, y acaso
los carros siguen allí
y el claustro abismal

encandila la ceguera,
y heme aquí, con furia
Romana cruzando el Rubicón,
erguido en vanidad

oh sujeto al canto de la espada,
y mi corporeidad llena
de sangre que bulle y bulle, Ay ay ¿Que ha después?
Escandalosos versos,

licencia y edades de oro
que herrumbran,
¿Sabes?
no soy tan viejo, allá va

Adriano, que la poeta de dulce
voz rauda elevó
en alto de ruinas,
¿Puedo hablar contigo?

me siento tan miserable,
tan herético que
en días de nubla
oh el Señor ya ni brilla,

Y si no hubiese océanos
donde caminar,
o elipses donde
hamacarse

¿Como te llevaría al
entronizado
crespúsculo? ¿A los
rostros del infinito?

Ya lo vi, vi
tus retazos que
se desprenden
como bucles brillantes,

y luego tu sonrisa que se llena
de relámpagos
y
universo,

taciturno silencio.
Litigios divinos,
Donde
Cuando

Los centauros
enseñan el arte de pensar,
en jardines de
marmolado encuentro.

¿Que sería de los ornamentales
brillos de aquellos
castillos arenizados en
el hemisferio sur?

¿Que sería de las ostras color ambarino
que caen entre medio
de las lluvias furiosas?
Alguien pronunció osadamente

que la vida misma se hundiría en
una extraña circunstancia,
colmada de ángeles
arrojados fuera de la nada.